El mundo ha perdido hoy a una leyenda que no solo ha dejado su impronta en el deporte, sino también la historia global.

El astro argentino Diego Armando Maradona falleció este miércoles, según confirmó a CNN una fuente de la familia.

En los últimos tiempos, Maradona fue director técnico de Dorados de Sinaloa en México por un año y a partir de 2019, estuvo al frente de Gimnasia y Esgrima de La Plata.

Deja atrás una turbulenta vida llena de hazañas, derrotas y sobre todo, polémicas.

Algunos quizá lo recuerden por su zurda magistral. Otros, por su irreverencia y sus frases históricas: no cabe duda de que ambas cosas lo convirtieron en una figura tan icónica como polémica. Pero si hay algo seguro, es que Diego Armando Maradona será recordado como uno de los nombres que marcaron un antes y un después en la historia del fútbol mundial.

Maradona comenzó a mostrar el perfil propio de un genio del futbol en una de las zonas más humildes de Buenos Aires.

Se trata de Villa Fiorito, el barrio que lo vio nacer el 30 de octubre de 1960.

Ahí se formó dentro y fuera de las canchas, hasta antes de cumplir 15 años, cuando su fichaje con Argentinos Juniors fue la oportunidad perfecta, no solo para dar el salto al futbol profesional cuando todavía era un adolescente, sino para sacar a su familia del desazón, la marginación y la miseria.

A partir de ahí, su técnica, su imaginación y su pegada casi perfecta lo catapultaron al estrellato mundial.  Pero primero vino la selección argentina.

Las gambetas de Diego cautivaron a César Luis Menotti, quien lo citó para defender a la albiceleste, pero luego lo dejó fuera del Mundial Argentina 1978 por su inexperiencia.

Pudo haber sido la primera Copa del Mundo en su vitrina, pero el destino lo hizo esperar.

El premio consuelo del Pelusa llegó 3 años después, cuando, ya consagrado como el mejor futbolista del momento, firmó con el club de sus amores, Boca Juniors.