El camión se vio obligado a detenerse apenas después de haber cruzado la frontera austriaca con Hungría, a unos 30 kilómetros del paso fronterizo. Los 43 inmigrantes ilegales que viajaban ayer en el contenedor frigorífico se estaban asfixiando y llevaban varios kilómetros gritando y golpeando las pareces del contenedor, de manera que el conductor se apiadó de ellos, detuvo el vehículo y abrió las puertas.

Los austriacos que circulaban por la autopista no tardaron en llamar a la policía ante tan impactante escena. Se trataba de hombre, mujeres y también niños que salieron en tromba del remolque y se tumbaron sobre el asfalto, recuperando la respiración y sin pudor alguno.

«Estaban acalorados, se les veía agobiados. Alzaban los brazos y se estiraban», ha descrito una testigo a la radio local, «yo me quedé paralizada, me recordó a todas aquellas personas que murieron en un camión parecido a ese y creo que ha sido un verdadero milagro que en esta ocasión sobrevivan».

El peligro de asfixia era un hecho. Varios de ellos estaban ya inconscientes en el momento de abrirse las puertas y hubieron de ser reanimados por los servicios de urgencia que llegaron en menos de quince minutos.