La vida no es de absoluto placer, a veces también tenemos momentos de drama y amargura. Aquí te decimos qué hacer con esos días en los que nada nos da ilusión.

¿Te peleaste con tu pareja o tal vez terminaron? ¿Traes el corazón hecho cachitos? ¿Sientes tristeza, furia, frustración o soledad? A todas las personas nos sucede, pero casi nunca nos permitimos sentir esas emociones creyendo que pronto pasarán si nos distraemos con las actividades cotidianas o saliendo a divertirnos.

Además, las amistades, la familia y las redes sociales nos dicen: “tienes que estar bien”, “tú siempre puedes”, “muéstrale al mundo de lo que estás hecho”, “eres una guerrera”, y nos hacen creer que la única opción válida es “estar bien”.

Esto hace que además de cargar con las emociones que nos están atormentando, experimentemos la sensación de soledad, que nadie nos comprende o que no podemos expresar lo que sentimos.

En sus cursos, el psicólogo Valentín Méndez, fundador del Instituto de Ciencias para el Florecimiento Humano, dice que:

“Cuando tenemos dolor emocional, sentimos como que hay algo mal, roto o erróneo dentro de nosotros. En esos momentos es fundamental reconocer que tener malestar emocional es completa y absolutamente humano, y no quiere decir que seas incapaz, que hayas cometido un error, que hay algo que va mal contigo.
Hay que aceptar que el dolor es parte de la naturaleza del ser humano, así está diseñado. Nos duele cuando tenemos hambre, cuando tenemos frío, cuando alguien que amamos se va, cuando alguien que no queremos llega. Tener esta claridad hace que nos sintamos menos distintos y nos hace darnos cuenta que pertenecemos a la familia humana, cuya naturaleza tiene en sí misma el dolor”.

¿Qué hacer con las emociones que no nos gusta sentir?

Si tenemos malestar, hay que admitirlo en nuestra vida y darle la bienvenida. Aunque por un ratito queramos evadir, solo estaremos guardando ese malestar para más tarde, y en algún momento tendrá que salir, a veces como olla exprés y recargado.

  1. Hagamos un alto, observemos lo que sentimos y pongámosle nombre: dolor, miedocelosenvidiasoledad,
  2. Ya que identificamos la emoción, dejémonos sentirla por unas horas o unos días, hay que permitirle recorrer el cuerpo, aunque no se sienta bonito.
  3. Veámosla con amor, con auto compasión, sin juzgarnos, sin maltratarnos. Todo lo contrario, dándonos cuenta que con motivos o sin ellos, así nos sentimos y que nadie puede ni debe decirnos qué sentir.
  4. Observar que las emociones que tenemos son el resultado de algún pensamiento que tuvimos.
  5. De ser posible, darnos cuenta qué hemos estado pensando que nos generó una u otra emoción y llevar nuestra atención a otro pensamiento más agradable.
  6. Acercarnos a prácticas como meditación, mindfulness o yoga, para poder sensibilizarnos y encontrar la raíz de nuestras aflicciones.
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Darnos el permiso de estar mal por un tiempo es parte de la vida. Darnos cuenta de que somos vulnerables es parte de la humanidad. Eso sí, es importante observar que “estar mal” no sea una forma de vida, si notas que llevas semanas o meses sin momentos de placer o bienestar, será necesario acudir con un o una especialista que pueda acompañarte en tu proceso.