El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece no estar dispuesto a perder. Ni el tiempo, ni la oportunidad, ni el poder. Ayer, en su primera aparición en campaña electoral desde que anunció que tenía coronavirus, se mostró fortalecido tras su paso por el hospital, atacó a su oponente, el demócrata Joe Biden, quien lidera las encuestas a menos de un mes de los comicios, y alabó la gestión de su administración frente a la crisis desatada por el brote.

"Dicen que soy inmune. Me siento muy poderoso", dijo Trump a la multitud durante una intervención que se alargó una hora. "Besaré a todos los del público, besaré a los chicos y a las mujeres hermosas, les daré a todos un beso enorme".

Así encabezó el evento al aire libre en Sanford, Florida, el primero de los seis programados para esta semana, y lo hizo sin tapabocas.

Eso sí: lanzó mascarillas a los miles de seguidores que se agolparon para escucharlo, la mayoría sin ningún tipo de protección, pese a que en el país la pandemia ya provocó más de 7,8 millones de enfermos y más de 214 mil muertes.

Asimismo dijo que los confinamientos como medida de seguridad habían hecho un gran daño a la economía y eran demasiado drásticos. "Es arriesgado, pero tienes que salir", declaró ante sus partidarios, que coreaban: "Te queremos".

Exhibiendo su ímpetu característico una semana después de salir del hospital, abordó los temas habituales de su campaña: la "tramposa" Hillary Clinton y la prensa "corrupta", y advertencias alarmistas contra la "izquierda radical" y la "pesadilla socialista". También lanzó dardos mordaces contra su rival, al que llama "Joe, el dormilón", asegurando que no atrae a "casi nadie" en sus actos.

Con esta energía, que incluyó incluso unos pasos de baile al ritmo de la canción "YMCA" de Village People, el republicano de 74 años busca cambiar la dinámica de una carrera hacia la presidencia que las encuestas de opinión nacionales y algunas estatales clave muestran que está perdiendo contra Biden, de 77 años.